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EVOLUCION DE LA DIOSA DESDE EL PALEOLÍTICO

El mundo de las Diosas

EVOLUCION DE LA DIOSA DESDE EL PALEOLÍTICO

Como ya sabéis, desde siempre he admirado esa época en la que el ser humano se hizo humano y artista. Hace unos cuantos años, cautivada por las Venus paleolíticas, hice una serie inspirada en ellas, en la técnica de vaciado en hormigón. Disfruté mucho modelando las múltiples y sagradas mollas femeninas, las concavidades misteriosas de sus cuerpos y trabajé el material como algo vivo, con accidentes, rugosidades y colores semejantes a la tierra, arena o incluso el mar. Os enseño una muestra de esta serie de Venus con apellidos como Altiva, Oceánica, Urania, Pomposa, Mater, Volcánica. Algunas yacen todavía en el jardín de mi Taller Ker Dana de Ayerbe.

El arte prehistórico nació como respuesta psicológica ante la presión angustiosa de un medio natural, misterioso y aleatorio que el ser humano necesitaba poder controlar e interpretar ante la incertidumbre que le provocaba; de ahí que las representaciones artísticas, en general no sean naturalistas sino conceptuales a simbólicas y evocadoras. Mediante el arte transformaba el mundo sobrenatural e intangible en algo real, tangible y accesible. Una vez descubierta la capacidad evocadora del símbolo y su poder para explicar y controlar el mundo real, el ser humano había comenzado a caminar hacia dios.

A través del mito, las imágenes y símbolos, los humanos han podido llegar a comprender su existencia y manifestarla dentro de cada entorno cultural particular. A través del rito que siempre es propiciatorio, base de las religiones y la magia, el ser humano ha pretendido y pretende aun, manipular a su favor la realidad, sus fuerzas ocultas o potencias, que se expresan mediante el símbolo y el mito. En este círculo vicioso reside la estrategia de supervivencia emocional más ancestral de nuestra especie.

Hace 30000 años, en el paleolítico, las primeras obras artísticas fueron pinturas o grabados en paredes rocosas y en marfil, hueso y arcilla. Las figuras femeninas eran magnificadas en sus atributos sexuales.

Parece que la idea de fecundidad era reforzada mediante la relación de la figura femenina con el cuerno y el bisonte.

Hacia el 30000/27000 adne. Aparecen muchas vulvas esculpidas sobre roca y múltiples figuras femeninas cuyas características eran: esteatopigia, ausencia de pies y cabeza a veces. Cabeza con tocado sin rasgos en cara y cuerpo losángico (cuadrado y corpulento) de las llamadas Venus del paleolítico. La iconografía alusiva a la función reproductora y a la fecundidad de la mujer cobró mucha importancia.

Al principio eran homogéneas pero a partir del solutrense más variadas y complejas.

En el magdaleniense medio ya hay grabados de mujer adornada con collares, brazaletes, etc.

En el magdaleniense superior en los grabados y esculturas varían las características: extremada estilización, apenas sin pies. También hay mujeres bisonte. Propiciaban la fecundidad y tenían un papel generatriz, ideal de belleza y erótico.

También aparecieron frecuentes animales grávidos, pues a estos se asociaba la mujer embarazada. Este vínculo mujer-animal tiene carácter mágico-sexual. Se dice que aseguraba la supervivencia de la tribu protegiendo la caza.

Se han encontrado unas 500 esculturas paleolíticas y 30.000 neolíticas. Según las zonas donde han aparecido, hubo un foco de expansión en la Europa central desde donde se difundieron hacia dos direcciones, una al oeste: Francia y otra al este: Rusia.

En aquellos tiempos elevaron todo lo relacionado con la generación y fecundidad a religión. Los conceptos, símbolos, signos que la humanidad relacionó con la fecundidad, generación y lo femenino, pondrían la base que permitió idear las primeras formulaciones acerca de una divinidad dadora de vida y protectora.

Durante más de 20 milenios no hubo otro dios que la Diosa.

La mujer era el principio universal de fecundidad, ocupando lugar central en la mitología prehistórica.

Eran sociedades matrilineales sobre matriarcados, sólo la madre podía reconocer a su progenie. Cualquier fenómeno era traducido al lenguaje sobrenatural. La mujer poseía el don sobrenatural de la reproducción, podía crear, en ausencia de ciencia este hecho elevo a la mujer a la categoría de diosa.

Las esculturas encontradas en la prehistoria no sólo eran arquetipos femeninos, sino una diosa madre universal. En Ur era la diosa suprema de la fertilidad. Las imágenes masculinas eran ridículamente pequeñas en comparación, sólo a partir del 1200 adne en las Cícladas empezaron a aparecer figuras masculinas junto a otras más antiguas femeninas con la llegada de los micénicos.

En 1996 Le Roy McDemot descubrió que las figuras paleolíticas estaban hechas por mujeres, pues en una mirada en escorzo desde arriba, las imágenes son de mujeres embarazadas. En aquella época no había espejo, carecen de facciones, eran autorretratos.

Las imágenes de las diosas paleolíticas representan a la madre que parece que fue la primera imagen de la vida para la humanidad. Imágenes del parto, del acto de amamantar, del de recibir al muerto de nuevo en el útero para su renacimiento se suceden desde esta época hasta nuestros días, incluso están presentes en cultos que rodean a la Virgen María.

Símbolos universales como la serpiente, el pájaro, el pez o los cuernos tienen sus raíces en el Paleolítico, y los primeros agricultores sedentarios los tomaron de sus antepasados.

La semejanza de las esculturas en el transcurso del paleolítico al neolítico (10000 adne), indica una religión coherente en las dos épocas en lo que se llamó la Vieja Europa: Egeo, Balcanes, Europa centrooriental y occidental.

Como curiosidad hay una hipótesis que dice que la Diosa primigenia era negra y nació en Africa. Los humanos migraron a Europa hace 40.000 años del nordeste africano.

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